Batido de sandía y mango

232

Nada más salir del trabajo el calor le golpeó con una intensidad abrumadora. ¡Qué calor tan insoportable! Se desabrochó el cuello de la camisa y empezó a andar hacia la entrada del metro. El sudor le perlaba la frente y el escaso aire que corría era caliente y asfixiante. Odiaba ese calor húmedo del que parecía que no había escapatoria. En el metro por suerte se pudo refrescar con el aire acondicionado pero al llegar a su destino y salir a la calle el bochorno se había intensificado.

Echó a andar evitando el sol pero ni en la sombra era capaz de refrescarse. El calor le abrazaba, le sofocaba, le agobiaba. El aire era tan caliente que le costaba respirar. Al cruzar la calle parecía que  los zapatos se pegaban al  asfalto.

“No será posible”-pensó-“no puede ser…”. Pero la duda ya se había instalado en su interior.

Cuanto más se acercaba a su destino más intenso era el calor. Se le secaron los labios, la boca. De los árboles colgaban las hojas mustias, marchitas sin que ni una brisa leve las acariciara. No se veía a nadie por la calle y no era de extrañar. Gotas de sudor resbalaban por su cuerpo. Al llegar al portal de su domicilio ya no le cupo la menor duda, el calor era insoportable, parecía que irradiaba de su edificio. Mientras subía en el ascensor un dolor pulsátil se le instalo en la cabeza. Se mareaba, le costaba enfocar la mirada. Con un último esfuerzo consiguió abrir la puerta de su casa y le recibió una vaharada de aire ardiente. Como pudo, al límite de sus fuerzas fue arrastrándose por el pasillo en dirección a la cocina y al llegar consiguió susurrar:

-¡Gisela! ¡Haz el favor de apagar el horno o nos vas a cocer a todos!

Jejeje, quizás he exagerado un poco pero se parece mucho a la sensación que provoca entrar en mi cocina. Así que he decidido apagar oficialmente el horno hasta septiembre. A partir de ahora solo recetas frías.

Después de que a mi marido le diera un síncope al entrar en casa le preparé un delicioso batido para refrescarnos y nos lo tomamos tranquilamente en nuestro mini balcón. Entre la bebida fría y el ventilador dándome en el cogote, por unos minutos, pude olvidarme del horrible bochorno que sufrimos en mi ciudad.

Sigue leyendo

Anuncios

Galletas de vainilla veganas

P1100912

Hoy os quiero recomendar la película “Una cuestión de tiempo” cuyo mensaje principal es “vive cada día como si fuera el último”. Es algo que intento hacer pero no siempre me es posible, el estrés, las prisas, el cansancio son obstáculos en el camino que nos impiden disfrutar de nuestro día a día. Y os parecerá una tontería pero en el momento en que te relajas y prestas atención disfrutas de cosas que ni te imaginas. El sol en la cara, el aroma del fregasuelos que utilizan en una tienda que hay al lado de mi trabajo (suena muy freak pero me encanta), la sonrisa de la cajera del supermercado, el agradecimiento de alguien por cederle el asiento, bajar el ritmo y ajustarlo al de nuestros hijos, apagar la tele y hablar con tu pareja, el calor en las manos del café con leche para llevar en un día frío. Montones y montones de situaciones que hacen distintas nuestras rutinas diarias y nos enseñan lo que realmente es importante en nuestras vidas.

Y ahora las galletas :). Cada vez más gente me pide recetas de repostería vegana, ya sea por filosofía de vida o por intolerancias, así que he decidido empezar a publicarlas. La primera receta de galletas es la de la masa más básica y más sencilla. Son crujientes, su sabor recuerda un poco a las galletas María y encantan a niños y adultos.

 

Sigue leyendo