Pastel de café y chocolate blanco

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En la c/ Arco del Pilar 7 de Burgos nos encontramos con una pequeña joya, una tiendecita llamada Los bizcochos de Carol. Es un lugar donde se da culto al bizcocho regentado por Carol, una chica amable y sonriente que pone toda su pasión en elaborar bizcochos y con la que basta hablar cinco minutos para darse cuenta de que realmente le gusta lo que hace. Y lo que hace lo hace bien, si queréis probar un buen bizcocho, una buena quiche, un delicioso brownie o en resumen un dulce artesano y espectacular no dudéis en visitarla.

En cuanto vi su tienda supe que tenía que probar esos dulces y claro ni mi hija ni mi marido pusieron mucho impedimento 😉 En este caso nos decantamos por un bizcocho de moka con cobertura de chocolate rubio. Era esponjoso, sedoso con un sabor intenso en el paladar…riquísimo. Es la primera vez que mi marido me dijo que un bizcocho le parece tan bueno como los míos (y os aseguro que es realmente exigente). Y es que el secreto de Carol es, a parte de su buen hacer, que utiliza ingredientes realmente naturales y de buena calidad. He visto en su facebook que su negocio ya cumplía dos años, desde aquí le deseo que siga cumpliendo muchísimos más y le prometo que si vuelvo a Burgos no dejaré de pasar a hacerle una visita (bueno, a ella o a sus bizcochos ;P)

La receta que os dejo hoy es un pastel que suelo hacer, un poco distinto del que comimos en Burgos pero que en mi casa tiene mucho éxito. Quizás no es de las recetas más sencillas del blog pero si la hacéis con paciencia, ganas y siguiendo mis instrucciones no dudo de que os quedará perfecta 🙂

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Al final os dejo unas fotos de Burgos que por cierto me encanto. Estuvimos todo el día, incluso cenamos allí y me fui con la sensación de que me quedaban un montón de cosas por descubrir, así que ya tengo dos excusas para volver.

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Cupcakes red velvet

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Quería pintar la habitación de mi hija. Y digo quería porque mi hija de casi cinco años se ha revelado y me ha dicho que su cuarto se queda como está. Yo tenía pensado un color azul clarito y en la parte de abajo pintar hierba y flores. Pues bien, con una lógica aplastante, mi hija me dijo: “si pones tan bonitas las paredes ya no me dejarás colgar mis dibujos y a mi me gusta mi cuarto como está, con mis dibujos por toda la pared”. ¡Toma ya! ¿Me queda claro? Luego dirán que los niños no saben lo que quieren. Pues bien, me he dado por vencida y he decidido respetar su decisión. Es su espacio y ella tiene que poder decidir (dentro de unos límites). Es una personita con sus gustos y sus preferencias y no necesariamente tienen que coincidir con las mías 😦

Creo que la toma de decisiones es muy importante porque forma parte de su proceso de madurez. Es algo que, tanto yo como su padre, hemos intentado trabajar con nuestra hija y desde que tiene cuatro años hemos empezado a dejar que tome pequeñas decisiones. Tiene que equivocarse y empezar a responsabilizarse de sus decisiones. También soy consciente de que cuando empiezas con este proceso tienes que respetar sus decisiones aunque no siempre estés de acuerdo.

A veces negociamos, por ejemplo en el tema ropa ella elije lo que se pone los fines de semana y entre semana elegimos nosotros. También tenemos en cuenta que quiere hacer el fin de semana, no en abstracto porque eso en un niño de su edad incluye desde ir al parque hasta visitar la luna, sino dándole dos o tres opciones. Decide que toma de postre (increíble pero mi hija prefiere fruta a otros postres). Le consultamos cuando vamos a hacer la compra o si hacemos cambios en casa. No es que ella decida siempre pero escuchamos sus opiniones y ella siente que la tenemos en cuenta.

Y diréis ¿y todo esto a qué viene? Pues a que tenía que hacer un detalle para una amiga y le dejé decidir 🙂 Sigue leyendo