Brownie al microondas

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“Dicen que una vez un periodista le pregunto a Albert Einstein si podía explicar de forma sencilla su Teoría de la Relatividad.

-¿Podría usted antes explicarme cómo hacer un huevo frito?- le contesto Einstein.

-Por supuesto – dijo el periodista que seguidamente paso a explicarle el proceso.

-Muy bien – le dijo el premio Nobel cuando acabó – Ahora vuelva a explicármelo como si yo no supiera que es un huevo, ni una sartén, ni el aceite.”

Y no es que pretenda explicaros la Teoría de la Relatividad, porque dudo que yo misma la entienda del todo, pero después de la temporada que he pasado no dudo que el tiempo es relativo. Dice el supuesto básico de la Teoría de la Relatividad que la localización de los sucesos físicos, tanto en el tiempo como en el espacio, son relativos al estado de movimiento del observador. Pues debe ser que he estado moviéndome mucho y mientras para vosotros han pasado tres meses yo he estado sólo una semana sin escribir, jajaja. Resumiendo, que se me había tragado un agujero negro pero ya he regresado y con más novedades que nunca (porque no publicaba pero no he salido mucho de la cocina 😉 )

Vuelvo con una receta fácil, que no necesita horno y deliciosa.

PD: ¡Cómo echaba todo esto de menos!

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Batido de sandía y mango

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Nada más salir del trabajo el calor le golpeó con una intensidad abrumadora. ¡Qué calor tan insoportable! Se desabrochó el cuello de la camisa y empezó a andar hacia la entrada del metro. El sudor le perlaba la frente y el escaso aire que corría era caliente y asfixiante. Odiaba ese calor húmedo del que parecía que no había escapatoria. En el metro por suerte se pudo refrescar con el aire acondicionado pero al llegar a su destino y salir a la calle el bochorno se había intensificado.

Echó a andar evitando el sol pero ni en la sombra era capaz de refrescarse. El calor le abrazaba, le sofocaba, le agobiaba. El aire era tan caliente que le costaba respirar. Al cruzar la calle parecía que  los zapatos se pegaban al  asfalto.

“No será posible”-pensó-“no puede ser…”. Pero la duda ya se había instalado en su interior.

Cuanto más se acercaba a su destino más intenso era el calor. Se le secaron los labios, la boca. De los árboles colgaban las hojas mustias, marchitas sin que ni una brisa leve las acariciara. No se veía a nadie por la calle y no era de extrañar. Gotas de sudor resbalaban por su cuerpo. Al llegar al portal de su domicilio ya no le cupo la menor duda, el calor era insoportable, parecía que irradiaba de su edificio. Mientras subía en el ascensor un dolor pulsátil se le instalo en la cabeza. Se mareaba, le costaba enfocar la mirada. Con un último esfuerzo consiguió abrir la puerta de su casa y le recibió una vaharada de aire ardiente. Como pudo, al límite de sus fuerzas fue arrastrándose por el pasillo en dirección a la cocina y al llegar consiguió susurrar:

-¡Gisela! ¡Haz el favor de apagar el horno o nos vas a cocer a todos!

Jejeje, quizás he exagerado un poco pero se parece mucho a la sensación que provoca entrar en mi cocina. Así que he decidido apagar oficialmente el horno hasta septiembre. A partir de ahora solo recetas frías.

Después de que a mi marido le diera un síncope al entrar en casa le preparé un delicioso batido para refrescarnos y nos lo tomamos tranquilamente en nuestro mini balcón. Entre la bebida fría y el ventilador dándome en el cogote, por unos minutos, pude olvidarme del horrible bochorno que sufrimos en mi ciudad.

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Brownie de chocolate blanco con nueces de macadamia

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Había una vez una pequeña brujita que tenía una mama bruja, un papa brujo y una gato de bruja que se llamaba Miau. Un día, la pequeña brujita decidió hacer un pastel para sus papás. -Es muy fácil- dijo la pequeña tras consultar un libro de recetas- necesito huevos, harina, mantequilla, chocolate, harina y levadura. -Ponemos la mantequilla con el chocolate y lo derretimos, añadimos huevos, harina y mezclamos…Creo que me dejo algo…No, ya está bien. -Miau!- dijo el gato intentando advertirle de que faltaba un ingrediente pero la pequeña brujita estaba tan concentrada en la receta que no lo escucho. -Uy! Mis padres no me dejan usar el horno. Bueno, tendré que usar un poco de magia. Miau, no se lo digas a nadie. -Miauu!-dijo el gato que como todo el mundo sabe significa “esto va a acabar mal”. Brujita consultó el libro de hechizos de sus padres. -¡Es muy fácil! Sólo tengo que agitar tres veces la varita, hacerla girar una vez y decir “cocinorum, cocinorum”. La niña agitó dos veces la varita, la hizo girar y dijo “cocinorum, cocinorum” y….  la masa se convirtió en una masa gelatinosa y viscosa de color lila. Pero eso no era lo peor, lo peor era que crecía y crecía y empezaba a desbordarse por la mesa. -Ay,ay!Creo que algo he hecho mal. Justo cuando la masa ya ocupaba más de la mitad de la cocina entró mama bruja. -Pero brujita!¿Qué has hecho esta vez?- pregunto muy enfadada. Y mientra lo decía, agitó su varita y la masa volvió a su estado original, salvo un pequeño detalle, no tenía color, se había vuelto de color blanco. La pequeña explicó a su madre cual había sido su intención. Mama bruja precalentó el horno y ayudó a su hijita a hornearlo. -Brujita,¿estás segura de haberlo hecho bien?Este bizcocho no sube. -Creo que sí, puse huevos, harina, mantequilla.. -Miauuu!-que significa “te olvidaste la levadura”. -Ay! la levadura. !Miau, lo podrías haber dicho antes!-le riño la niña. Miau se tapo los ojos con una pata. -Bueno,-dijo mama sacando el pastel del horno- no ha subido pero seguro que está delicioso. Llamemos a papa y probemos tu pastel. Y estaba tan bueno que hasta Miau repitió dos veces. ¿Qué?¿Os animáis a probarlo? Sigue leyendo

Gajar Ki Burfi (dulce de zanahoria)

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EL COLOR DE LOS PÁJAROS (Leyenda hindú)

“Al inicio de los tiempos todos los pájaros eran marrones y sólo se diferenciaban por la forma. Al ver todos los colores que había en el mundo sintieron envidia y decidieron hablar con la madre naturaleza para que les cambiara de color. La Madre Naturaleza acepto pero les dijo que pensarán muy bien el color que iban a elegir porque sólo podrían cambiar una vez. Dicho esto los cito al cabo de una semana en el claro del bosque.

Los pájaros pasaron una semana muy nerviosos pensando el color a elegir y el día señalado se reunieron con la Madre Naturaleza.

La primera que hablo fue la Urraca:

-Quiero ser negra, con el pecho blanco y la cola azulada.

La Madre tomó paleta y pincel y coloreo a la Urraca tal y como había solicitado.

El siguiente fue el Periquito:

-Yo quiero ser verde y amarillo.

Todos los pájaros comentaron que eran unos colores muy favorecedores.

El siguiente fue el más presumido de todos los pájaros, el Pavo Real:

– Quiero una cola muy colorida, azul, verde, amarillo, rojo y dorado intenso.

Después hablo el Canario:

– A mi me gustaría ser amarillo.

El Loro, que era un poco extravagante le dijo a la Madre:

– Quiero un poco de todos los colores de tu paleta.

El pájaro carpintero fue el siguiente:

– Blanco y negro con una cresta roja.

Cuando todos los colores de la paleta su hubieron acabado y  los pájaros lucían orgullosos sus colores, ella empezó a recoger sus utensilios. Se repente una voz la llamó. Era un pequeño gorrión que venía corriendo por el Claro.

-¡Falto yo, falto yo! -gritaba el pequeño gorrión sin aliento- Estaba muy lejos y he tardado mucho en llegar. Yo también quiero un color nuevo.

-Pero ya no me quedan colores.

– Bueno – se conformo el Gorrión- el color marrón tampoco está tan mal, no pasa nada.

-Espera, todavía queda un poco de amarillo en mi paleta.

Dicho lo cual, la Madre Naturaleza, mojó su pincel y deposito una gota de color en la comisura del pico del Gorrión. Por eso, si os fijáis en los gorriones, podéis ver el último color de la paleta que la Madre Naturaleza utilizó para colorear a los pájaros.”

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Tarta dos chocolates

IMG-20150126-WA0000Muchas veces me decís: “Cuando lo haces tú parece superfácil pero luego en casa…” Y es verdad, todos tenemos nuestros inicios y fracasos, así que al final de la entrada de hoy os dejo algunos de mis primeros pasteles para que veáis que todos tenemos un pasado 🙂 Si al final es cuestión de hacer muchos hasta que salen.

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Bizcocho de queso crema y naranja

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Hace unos días leí un artículo en el que se hablaba del origen de la expresión “media naranja” como pareja ideal. Parece ser que el primer lugar en el que aparece es en la obra El Banquete, de Platón.

En el texto, tras un banquete organizado por el poeta trágico Agalón, se pide a los invitados que elogien a Eros (dios del amor). Los invitados van improvisando sus elogios hasta que le toca el turno al poeta de comedias Aristófanes. Este narra que en la antigüedad el ser humano era perfecto y tenía forma esférica, con cuatro brazos, cuatro piernas y dos rostros, cada uno mirando en direcciones opuestas. Eran de tres tipos: el varón doble, la mujer doble y el hombre-mujer (andróginos). Poseían un vigor y una fuerza extraordinarias, pero también un gran defecto que era su desmedido orgullo. Era tanto que conspiraron contra los dioses e intentaron subir al cielo para atacarlos. Zeus, enfadado, decidió cortarlos en dos para debilitarlos.

Una vez seccionada en dos la forma original, cada ser añora y busca su otra mitad y el amor intenta hacer uno de dos. Lo que se llama amor es el deseo y la persecución de ese todo.

Pero no os preocupéis que para la receta de hoy no os voy a pedir que busquéis medias naranjas ya que utilizaremos una naranja entera. 😉

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Deseos de chocolate

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Algunas veces, en un taller creativo, hemos hecho un árbol de los deseos. Los participantes escriben en un papel un deseo para todo el mundo y luego lo pegamos alrededor de un tronco de cartulina, dibujado con tiza, etc.. Es interesante ver como la edad influye en lo que deseamos. Cuando la gente es muy mayor, principalmente piden salud, dinero y paz. Las personas más jóvenes suelen pedir dinero, amor, trabajo y felicidad. Y por fin llegamos a los niños, ese grupo maravilloso en el que no hay reglas y que piden cosas tan extraordinarias como que “las ciudades se llenen de flores”,”música por las calles” o que “todo el mundo pueda volar”.

Hace poco vi un árbol de los deseos que me hizo pensar. Estaba hecho por un grupo de niños de seis años y entre todos los deseos algunos me llamaron la atención: ” que todo el mundo sea rico” y “que todos sean guapos”. Y entonces pensé: “son estos los deseos que me gustaría que tuviera mi hija ante la posibilidad de pedir cualquier cosa, sin límites”. Vivimos en un mundo de consumo indiscriminado en el que la imagen, el que dirán y el tener nos viene programado desde pequeños y parece ser lo más importante. Tan importante que hasta hay niños de seis años que prefieren tener dinero o mejorar su imagen antes que ir volando al colegio o que las ciudades sean invadidas por las flores. ¿Estamos seguros de tener claras nuestras prioridades?

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Coulant de chocolate

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Llevo unos días de muchísimo ajetreo y por eso quedarnos este domingo en casa ha sido fabuloso. Mientras mi marido hacía un delicioso pollo relleno de espinacas y castañas, mi hija y yo hacíamos postales de Navidad para la familia (al final os dejo una foto de las postales por si alguien se anima a hacerlas, son muy sencillas). Faltaba poco para comer cuando a ambos se les ocurrió que una comida tan buena se desmerecía sin un buen postre. Rápido, piensa algo que esté listo en poco tiempo y que además no se tenga que enfriar y… ¡Tachán! Coulant de chocolate, por algo será que también se le llama muerte por chocolate, je,je,je. Tengo que reconocer que acabamos empachados :).

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