Batido de sandía y mango

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Nada más salir del trabajo el calor le golpeó con una intensidad abrumadora. ¡Qué calor tan insoportable! Se desabrochó el cuello de la camisa y empezó a andar hacia la entrada del metro. El sudor le perlaba la frente y el escaso aire que corría era caliente y asfixiante. Odiaba ese calor húmedo del que parecía que no había escapatoria. En el metro por suerte se pudo refrescar con el aire acondicionado pero al llegar a su destino y salir a la calle el bochorno se había intensificado.

Echó a andar evitando el sol pero ni en la sombra era capaz de refrescarse. El calor le abrazaba, le sofocaba, le agobiaba. El aire era tan caliente que le costaba respirar. Al cruzar la calle parecía que  los zapatos se pegaban al  asfalto.

“No será posible”-pensó-“no puede ser…”. Pero la duda ya se había instalado en su interior.

Cuanto más se acercaba a su destino más intenso era el calor. Se le secaron los labios, la boca. De los árboles colgaban las hojas mustias, marchitas sin que ni una brisa leve las acariciara. No se veía a nadie por la calle y no era de extrañar. Gotas de sudor resbalaban por su cuerpo. Al llegar al portal de su domicilio ya no le cupo la menor duda, el calor era insoportable, parecía que irradiaba de su edificio. Mientras subía en el ascensor un dolor pulsátil se le instalo en la cabeza. Se mareaba, le costaba enfocar la mirada. Con un último esfuerzo consiguió abrir la puerta de su casa y le recibió una vaharada de aire ardiente. Como pudo, al límite de sus fuerzas fue arrastrándose por el pasillo en dirección a la cocina y al llegar consiguió susurrar:

-¡Gisela! ¡Haz el favor de apagar el horno o nos vas a cocer a todos!

Jejeje, quizás he exagerado un poco pero se parece mucho a la sensación que provoca entrar en mi cocina. Así que he decidido apagar oficialmente el horno hasta septiembre. A partir de ahora solo recetas frías.

Después de que a mi marido le diera un síncope al entrar en casa le preparé un delicioso batido para refrescarnos y nos lo tomamos tranquilamente en nuestro mini balcón. Entre la bebida fría y el ventilador dándome en el cogote, por unos minutos, pude olvidarme del horrible bochorno que sufrimos en mi ciudad.

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Pudín de pan y melocotón

Fin de las vacaciones y vuelta a la rutina diaria, ¡pero que recuerdos tan maravillosos nos dejan las vacaciones! Este año he ido a la zona del ripollés, en Cataluña, qué zona tan bonita, sin aglomeraciones de gente, aire limpio, buena gastronomía y unos paisajes preciosos, he vuelto encantada. Al final de la entrada os dejo unas fotos preciosas. Pero basta de divagar y vayamos a lo nuestro. Volvemos de vacaciones y la persiana del comedor se me estropea, le sumamos los gastos de la vuelta al cole, actividades extraescolares, comidas con amigos y familiares para contarnos las vacaciones, un largo etcétera de gastos que han hecho que recupere unas cuantas recetas de aprovechamiento para capear la cuesta de septiembre (de la de enero ya hablaremos). Este pudín de pan es ideal para cuando tienes invitados, sino os recomiendo que hagáis la mitad de la receta y es una buena opción para que los niños coman fruta. En este caso he usado pan de cereales y unos melocotones que se iban a pasar, pero lo podéis hacer con pan blanco y cualquier fruta muy madura que tengáis por casa (manzana, plátano, pera, mango…), o sin fruta porque de pan solo también está muy bueno.

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Bizcocho integral con muesli

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La “culpa” de este bizcocho la tiene mi intento de cambiar la marca de muesli del desayuno. Estaba en el super y vi un paquete de muesli de medio kilo de oferta (a mitad de precio del que compro habitualmente) y pensé “con lo que han mejorado los muesli seguro que está bueno y además ahorro”. Pues bien, malo es poco, es algo así como comer cartón mojado, en resumen, incomible. Como no me gusta tirar comida le busque otros usos, con yogur mejora algo, y se me ocurrió usarlo para hacer un bizcocho para seguir disfrutando de los beneficios de los cereales y además, como dice Mary Poppins “con un poco de azúcar pasará mejor”.

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Mousse de ciruela

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Por un extraño motivo, las mousses y yo, no acabamos de “cuajar” (je,je,je), pero con la llegada del calor, yo erre que erre, las sigo preparando. Esta en especial es muy sencilla (hasta a mi me sale) y es refrescante y ligera. Cuanto más maduras estén las ciruelas menos azúcar le pondremos a la mousse para que no quede excesivamente dulce y además es rica en fibra.

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