Brownie al microondas

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“Dicen que una vez un periodista le pregunto a Albert Einstein si podía explicar de forma sencilla su Teoría de la Relatividad.

-¿Podría usted antes explicarme cómo hacer un huevo frito?- le contesto Einstein.

-Por supuesto – dijo el periodista que seguidamente paso a explicarle el proceso.

-Muy bien – le dijo el premio Nobel cuando acabó – Ahora vuelva a explicármelo como si yo no supiera que es un huevo, ni una sartén, ni el aceite.”

Y no es que pretenda explicaros la Teoría de la Relatividad, porque dudo que yo misma la entienda del todo, pero después de la temporada que he pasado no dudo que el tiempo es relativo. Dice el supuesto básico de la Teoría de la Relatividad que la localización de los sucesos físicos, tanto en el tiempo como en el espacio, son relativos al estado de movimiento del observador. Pues debe ser que he estado moviéndome mucho y mientras para vosotros han pasado tres meses yo he estado sólo una semana sin escribir, jajaja. Resumiendo, que se me había tragado un agujero negro pero ya he regresado y con más novedades que nunca (porque no publicaba pero no he salido mucho de la cocina 😉 )

Vuelvo con una receta fácil, que no necesita horno y deliciosa.

PD: ¡Cómo echaba todo esto de menos!

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Tarta petit suisse

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Es increíble la facilidad con la que olores y sabores nos evocan recuerdos. Es oler a arroz con leche y una sonrisa se dibuja en mis labios al recordar a mi abuela en la cocina. O percibir aroma a azahar y recordar Málaga con sus soleadas calles. Y si me preguntarais por sabores, el de los berberechos me recuerda a los “vermutillos” con mi abuelo y el del Martini…ese mejor me lo guardo ;). ¿Y si tuviera que decidir un sabor representativo de mi infancia? Sin lugar a dudas sería el del petit suisse de fresa. Me veo acabando de comer, viendo “Dragones y Mazmorras” en la tele (porque sí, antes veíamos la tele mientras comíamos y no pasaba nada) y comiendo dos petit suisse (porque se comían a pares).

Hoy en día ya no me gusta el petit suisse (que se le va a hacer me he sofisticado jajaja) pero el otro día vi en el supermercado y compré para mi hija. Pues a mi hija no le gustan, ha salido a su padre y le gustan más las cosas de limón y por no tirarlos hice una tarta con ellos (sin horno que hasta después de vacaciones me han prohibido que lo encienda 😦 ).

Y vosotros, ¿hay algún sabor o aroma qué os traiga dulces recuerdos?

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Batido de sandía y mango

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Nada más salir del trabajo el calor le golpeó con una intensidad abrumadora. ¡Qué calor tan insoportable! Se desabrochó el cuello de la camisa y empezó a andar hacia la entrada del metro. El sudor le perlaba la frente y el escaso aire que corría era caliente y asfixiante. Odiaba ese calor húmedo del que parecía que no había escapatoria. En el metro por suerte se pudo refrescar con el aire acondicionado pero al llegar a su destino y salir a la calle el bochorno se había intensificado.

Echó a andar evitando el sol pero ni en la sombra era capaz de refrescarse. El calor le abrazaba, le sofocaba, le agobiaba. El aire era tan caliente que le costaba respirar. Al cruzar la calle parecía que  los zapatos se pegaban al  asfalto.

“No será posible”-pensó-“no puede ser…”. Pero la duda ya se había instalado en su interior.

Cuanto más se acercaba a su destino más intenso era el calor. Se le secaron los labios, la boca. De los árboles colgaban las hojas mustias, marchitas sin que ni una brisa leve las acariciara. No se veía a nadie por la calle y no era de extrañar. Gotas de sudor resbalaban por su cuerpo. Al llegar al portal de su domicilio ya no le cupo la menor duda, el calor era insoportable, parecía que irradiaba de su edificio. Mientras subía en el ascensor un dolor pulsátil se le instalo en la cabeza. Se mareaba, le costaba enfocar la mirada. Con un último esfuerzo consiguió abrir la puerta de su casa y le recibió una vaharada de aire ardiente. Como pudo, al límite de sus fuerzas fue arrastrándose por el pasillo en dirección a la cocina y al llegar consiguió susurrar:

-¡Gisela! ¡Haz el favor de apagar el horno o nos vas a cocer a todos!

Jejeje, quizás he exagerado un poco pero se parece mucho a la sensación que provoca entrar en mi cocina. Así que he decidido apagar oficialmente el horno hasta septiembre. A partir de ahora solo recetas frías.

Después de que a mi marido le diera un síncope al entrar en casa le preparé un delicioso batido para refrescarnos y nos lo tomamos tranquilamente en nuestro mini balcón. Entre la bebida fría y el ventilador dándome en el cogote, por unos minutos, pude olvidarme del horrible bochorno que sufrimos en mi ciudad.

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Gajar Ki Burfi (dulce de zanahoria)

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EL COLOR DE LOS PÁJAROS (Leyenda hindú)

“Al inicio de los tiempos todos los pájaros eran marrones y sólo se diferenciaban por la forma. Al ver todos los colores que había en el mundo sintieron envidia y decidieron hablar con la madre naturaleza para que les cambiara de color. La Madre Naturaleza acepto pero les dijo que pensarán muy bien el color que iban a elegir porque sólo podrían cambiar una vez. Dicho esto los cito al cabo de una semana en el claro del bosque.

Los pájaros pasaron una semana muy nerviosos pensando el color a elegir y el día señalado se reunieron con la Madre Naturaleza.

La primera que hablo fue la Urraca:

-Quiero ser negra, con el pecho blanco y la cola azulada.

La Madre tomó paleta y pincel y coloreo a la Urraca tal y como había solicitado.

El siguiente fue el Periquito:

-Yo quiero ser verde y amarillo.

Todos los pájaros comentaron que eran unos colores muy favorecedores.

El siguiente fue el más presumido de todos los pájaros, el Pavo Real:

– Quiero una cola muy colorida, azul, verde, amarillo, rojo y dorado intenso.

Después hablo el Canario:

– A mi me gustaría ser amarillo.

El Loro, que era un poco extravagante le dijo a la Madre:

– Quiero un poco de todos los colores de tu paleta.

El pájaro carpintero fue el siguiente:

– Blanco y negro con una cresta roja.

Cuando todos los colores de la paleta su hubieron acabado y  los pájaros lucían orgullosos sus colores, ella empezó a recoger sus utensilios. Se repente una voz la llamó. Era un pequeño gorrión que venía corriendo por el Claro.

-¡Falto yo, falto yo! -gritaba el pequeño gorrión sin aliento- Estaba muy lejos y he tardado mucho en llegar. Yo también quiero un color nuevo.

-Pero ya no me quedan colores.

– Bueno – se conformo el Gorrión- el color marrón tampoco está tan mal, no pasa nada.

-Espera, todavía queda un poco de amarillo en mi paleta.

Dicho lo cual, la Madre Naturaleza, mojó su pincel y deposito una gota de color en la comisura del pico del Gorrión. Por eso, si os fijáis en los gorriones, podéis ver el último color de la paleta que la Madre Naturaleza utilizó para colorear a los pájaros.”

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Tarta dos chocolates

IMG-20150126-WA0000Muchas veces me decís: “Cuando lo haces tú parece superfácil pero luego en casa…” Y es verdad, todos tenemos nuestros inicios y fracasos, así que al final de la entrada de hoy os dejo algunos de mis primeros pasteles para que veáis que todos tenemos un pasado 🙂 Si al final es cuestión de hacer muchos hasta que salen.

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Deseos de chocolate

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Algunas veces, en un taller creativo, hemos hecho un árbol de los deseos. Los participantes escriben en un papel un deseo para todo el mundo y luego lo pegamos alrededor de un tronco de cartulina, dibujado con tiza, etc.. Es interesante ver como la edad influye en lo que deseamos. Cuando la gente es muy mayor, principalmente piden salud, dinero y paz. Las personas más jóvenes suelen pedir dinero, amor, trabajo y felicidad. Y por fin llegamos a los niños, ese grupo maravilloso en el que no hay reglas y que piden cosas tan extraordinarias como que “las ciudades se llenen de flores”,”música por las calles” o que “todo el mundo pueda volar”.

Hace poco vi un árbol de los deseos que me hizo pensar. Estaba hecho por un grupo de niños de seis años y entre todos los deseos algunos me llamaron la atención: ” que todo el mundo sea rico” y “que todos sean guapos”. Y entonces pensé: “son estos los deseos que me gustaría que tuviera mi hija ante la posibilidad de pedir cualquier cosa, sin límites”. Vivimos en un mundo de consumo indiscriminado en el que la imagen, el que dirán y el tener nos viene programado desde pequeños y parece ser lo más importante. Tan importante que hasta hay niños de seis años que prefieren tener dinero o mejorar su imagen antes que ir volando al colegio o que las ciudades sean invadidas por las flores. ¿Estamos seguros de tener claras nuestras prioridades?

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Tarta de queso con mermelada de moras.

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Esta semana he contado con la inestimable colaboración de la mini chef. He de reconocer que cuando ella aparece por mi cocina, me convierto en su pinche, limpiando lo que ensucia y siguiendo sus directrices. Entró en la cocina decidida a hacer un pastel porque venían unos amigos suyos a comer, y claro, como la mini chef es todavía muy mini, tiramos de receta sin horno para que la pudiera hacer casi sola.

Tercera receta con moras, y esta ya es la última porque ya las hemos acabado :). Vamos a usar nuestra mermelada de moras para cubrir esta cremosa tarta de queso. He de confesar que prefiero las que se cuajan con huevo en el horno, pero esta es un postre que suele gustar, es rápido y fácil y pueden hacerlo los niños.

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Pudín de pan y melocotón

Fin de las vacaciones y vuelta a la rutina diaria, ¡pero que recuerdos tan maravillosos nos dejan las vacaciones! Este año he ido a la zona del ripollés, en Cataluña, qué zona tan bonita, sin aglomeraciones de gente, aire limpio, buena gastronomía y unos paisajes preciosos, he vuelto encantada. Al final de la entrada os dejo unas fotos preciosas. Pero basta de divagar y vayamos a lo nuestro. Volvemos de vacaciones y la persiana del comedor se me estropea, le sumamos los gastos de la vuelta al cole, actividades extraescolares, comidas con amigos y familiares para contarnos las vacaciones, un largo etcétera de gastos que han hecho que recupere unas cuantas recetas de aprovechamiento para capear la cuesta de septiembre (de la de enero ya hablaremos). Este pudín de pan es ideal para cuando tienes invitados, sino os recomiendo que hagáis la mitad de la receta y es una buena opción para que los niños coman fruta. En este caso he usado pan de cereales y unos melocotones que se iban a pasar, pero lo podéis hacer con pan blanco y cualquier fruta muy madura que tengáis por casa (manzana, plátano, pera, mango…), o sin fruta porque de pan solo también está muy bueno.

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